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Thursday, el 07.06.2012 | Este texto está escrito en las rúbricas Parques de atracciones y Noticias.

Restauración del Tiovivo de 1927


PressemitteilungFabricado en Francia en 1927, ha sobrevivido casi un siglo de cotidiano uso a la intemperie. Sus románticos corceles y los murales pintados con paisajes ingenuistas que giran y giran sin cesar han hecho las delicias de pequeños y mayores, constituyendo una verdadera antigüedad de madera viva y estilos pictóricos.

Además de sus notables figuras zoomórficas y su ecléctica decoración de estilo modernista y Art Decó, cuenta con un mecanismo de cuerpo único que lo hace girar sencilla y sorprendentemente, y con un sistema de cintas de cuero que permite que pueda funcionar manualmente. Sus bombillas y su música de organillo provocan que con cada giro los visitantes den un paso atrás en el tiempo.

Millones de personas lo han disfrutado desde que en 1969 pasara a formar parte del Parque de Atracciones de Madrid, que lo adquirió a un artesano madrileño después de funcionar por varias ciudades de España. La atracción que se llamó durante años La Zarzuela, en honor al hipódromo madrileño del mismo nombre, fue reforzada con nuevos elementos decorativos y diversos añadidos que la han ido haciendo testigo de los tiempos.

Vueltas y más vueltas, año tras año a la intemperie, han provocado que la atracción haya sufrido deterioros debido a la climatología y al continuo disfrute de las personas. El sol y la lluvia han provocado que la pintura desaparezca o pierda su color y que las figuras de madera se deterioren con las heladas y el carcoma; también el continuo uso de la atracción por miles de visitantes y en algún caso actos de vandalismo han provocado que se rompan o hayan desaparecido algunos elementos decorativos, como por ejemplo las colas de algunos animales.

En 1996 se construye una pérgola de madera que la protege de la climatología y a lo largo de su historia se llevan a cabo diferentes rehabilitaciones parciales. Actualmente se está acometiendo in situ y con la atracción abierta al público, una artesanal y completa restauración, que permitirá a los visitantes del parque disfrutar plenamente de la belleza y el encanto de montar en una atracción de principios de siglo.

Esta rehabilitación artística y completa del conjunto llega a su recta final tras un largo proceso que ha llevado a cabo el artista madrileño Félix Rego. En esta labor se han respetado los elementos anteriores para dotarla de una conjunción estilística; se han desmontado las figuras, construidas con maderas de varios tipos, encolando y sustituyendo partes defectuosas; se han utilizado ojos de cristal de taxidermia en algunas de las piezas más antiguas y se han pintado todas ellas, además de la capota, la cabina y los diferentes elementos decorativos.

Hay que destacar, por su belleza y valor histórico artístico, una pintura Art Decó que ha aparecido sobre la antigua cabina, que se encontraba oculta tras una capa de grasa que a lo largo de los años ha ido cayendo de los mecanismos de la atracción.

Y es que el tiovivo es una de las atracciones mecánicas que más se disfruta en el Parque de Atracciones ya que puede ser utilizada por personas de todas las edades: grandes, pequeños o toda la familia. Por este motivo y por su belleza, seguramente es la atracción que más veces ha sido fotografiada.

Es tal el entusiasmo que despiertan sus figuras que muchos querrían tenerlas expuestas en el salón de su casa. Es más, algunos ya las tienen, como los cantantes Juan Pardo y José Luis Rodríguez "El Puma” que, coincidiendo con sus actuaciones en el Auditorio, se encapricharon de ellas y no pararon hasta que consiguieron que el Parque de Atracciones les obsequiara con tan preciado recuerdo.

HISTORIA DEL CARRUSEL

El tiovivo, también llamado carrusel, es una de las atracciones que más gusta a los niños. Consiste en una plataforma giratoria con caballitos y otras figuras de madera que suben y bajan. Pero pocos conocen que su origen es bélico. De hecho, la palabra carrusel significa originariamente "juego de guerras” o "el juego de las guerras”, protagonizadas éstas por caballistas árabes, turcos o musulmanes en el siglo XII. Equipos de jinetes muy hábiles libraban batallas fingidas arrojándose bolas de barro impregnadas con diferentes olores, para saber por el olor quién había impregnado a quién.


© Parkscout / Parque de Atracciones de Madrid




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